En esta sociedad, ahora especialmente con el auge de la música electrónica y con el surgimiento constante de grupos copias incapaces de crear algo distinto se nos olvida que la música, sobre todas las cosas, es emocional. Toda la prensa especializada y todos los blogs como este nos empeñamos en analizar los discos y las canciones como si se tratara de algo lógico, comprensible del que podemos sacar resultados si la sometemos a una serie de criterios o algoritmos, pero no es así. Es posible que matemáticamente se llegue a la conclusión de que una canción es buena o no, pero eso no va a hacer que a todo el mundo le guste.
Una canción nos gusta cuando es capaz de hacernos reaccionar de una forma concreta. Nos puede emocionar, nos puede sacar una sonrisa, nos puede hacer bailar, nos puede llevar lejos, pero también nos puede despertar odio incluso repulsión. Si ha habido un grupo que hasta ahora, no solo ha sido consciente de ello, sino que ha convertido la capacidad de emocionar y transmitir en su signa de identidad son Travis.